El jueves 25 decidí irme a León a jugar el I Open Mundial que se celebraba de viernes a domingo. Me dio la locura de irme solo (normalmente voy a los torneos con la tropa del Club de Ajedrez Pueblonuevo) porque pensaba que podía aspirar a llevarme premio al mejor jugador con menos de 2000 ELO FIDE.
El torneo era bastante duro: 320 participantes, partidas de 40'+ 3 seg.
Los 35 primeros del ranking superaban los 2500 FIDE. Por encima de 2000 FIDE había 170. Aquello prometía, sin duda alguna.
Así que el viernes salí del trabajo y desde allí me fui en coche a León. La primera ronda comenzaba a las 17:00. Salí de Madrid a las 14:00, pero con el atasco de Madrid veía que solo un milagro me iba a impedir perder la primera ronda por incomparecencia. Y no hubo un milagro...se produjero DOS!!.
El primero se produjo porque la organización parecía el Club de Ajedrez Pueblonuevo y el torneo comenzó a las 17:30.
El segundo se produjo porque mi rival no quiso dar al reloj hasta que yo no llegara. Finalmente llegué a las 17:40.
Mi rival en esa primera ronda era un viejecito que pasaba por allí y que según decían tenía casi 2600 FIDE.
La anécdota graciosa de la partida fue que cuando abandoné se enfadó conmigo y me dijo con acento ruso: "Grande maestro. Exige disculpas". Al parecer le molestó bastante que no me disculpara por mi retraso. Posteriormente me acerqué para disculparme y para que me firmara la planilla.
El resto del torneo un completo desastre. Todos los demás rivales estaban por debajo de mi en el ranking pero nada, no hay forma de rematar una partida.
En la segunda ronda, juego una Caro-Kann con negras y el tío acaba dejándose el peón de e5 (había jugado la variante del avance). Logro cambiar todo para quedarme con ventaja y al final en los apuros de tiempo me dejo la calidad y la partida. 0 de 2.
Al día siguiente en la tercera ronda muerto de sueño, juego todas las malas posibles contra una Dragón. Así que el tío me mete todas las piezas contra mi enroque largo hasta que le cazo una de ellas de tal forma que mi rival solo puede luchar por conseguir un continuo. Pero no le hizo falta, se me cayó la bandera. 0 de 3.
En la cuarta ronda me toca un niño italiano de 8 años que estaba de pie en la silla. El tío se permitió el lujo de pedirme tablas en el movimiento 20 y tantos. Al final le engañé con un par de trucos y me llevé el punto (si palmo esa dejo el ajedrez). 1 de 4.
En la quinta ronda me toca otro niño algo más mayor. Le monto un ataque que debe ser decisivo pero como voy apurado de tiempo no encuentro el remate y tengo que cambiar todas las piezas con la esperanza de robarle el final. El niño me ofrece las tablas. Yo las rechazo porque veo que se puede equivocar y al final el que se deja un peoncillo soy yo y palmo la partida. 1 de 5.
En la sexta ronda me toca una niña local que se equivoca en la apertura y consigo punto fácil. 2 de 6
En la séptima ronda me toca una niña portuguesa. La monto otro ataque pero la niña se defiende como gato panza arriba, llegando a ofrecerme tablas. Esta vez encontré el camino ganador y punto para la saca. 3 de 7.
Quedaban las 2 rondas del domingo y ganando los 2 puntos me llevaba premio.
En la octava ronda juego una Caro-Kann y le cazo al tío en un lío táctico llevándome la calidad. Además le forzaba a ganarle una pieza más. Empiezo a frotarme las manos porque veo que me meto en la pomada. Pero en lugar de comerme la pieza le amenazo otra de sus piezas y de repente la pieza que me tenía que haber comido me monta un desaguisado táctico que me deja perdido. A la mierda todo el esfuerzo. 3 de 8.
En la última ronda totalmente desmotivado me dejo la calidad en la apertura y mi rival me ofrece tablas porque se tenía que ir. Yo las acepto (3.5 de 9) y me vuelvo a Madrid con el recuerdo de haber jugado con parte de la historia del ajedrez.
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